5 meses viviendo junto a la mar


¡Hoy cumplo 5 meses de vivir en la playa!

¿Por dónde comenzar? Tenía novio de casi 7 años, un trabajo estable, hacía ejercicio y estaba a un año y medio de terminar la carrera cuando comenzó esta querida pandemia. Porque si la siguen odiando, amigos hay que darse cuenta de todo lo que ha aportado tanto a nivel personal como colectivo.

Vine de vacaciones con mi mejor amigo a la playa después de terminar mi relación, ¡y que viaje! Nunca había pensado que me la pasaría tan bien (sobretodo después de los antecedentes, luego les cuento), hasta que llegó la noche de mi cumpleaños y me cayó un rayo (no literalmente, más espiritual que nada). Estaba afuera de un antro y empezó a llover, cuando dije “¿qué coño estoy haciendo de mi vida?” En eso me marcó mi mamá y llorando le dije “ma, voy a vivir aquí” (claramente no se imagino que era en serio porque estaba un poco muy borracha). Pero, un mes y 2 días después llegué a lo que sería mi casa nueva por un mes.

Así que… Decidí mudarme a otro estado, lejos de toda mi familia y amigos más cercanos. Dejé una relación de casi 7 años. Terminé la carrera, bueno, relativamente. He tenido aproximadamente 5 trabajos durante estos meses. Me tatué, de nuevo. Me perforé la nariz pero al final no funcionó. Me rompieron el corazón. Aprendí que el vino nunca te decepciona, ni en la cruda. Mi mejor amigo se llama Tomás y es un cactus, tiene novia y se llama Martina.

Llevo casi 5 meses viviendo en el paraíso caribeño mejor conocido como Playa del Carmen. Perdí muchos amigos, pero he tenido el gusto de crear una familia aquí. Me di cuenta de que tengo una mejor amiga, lo cual nunca había pasado en mi vida. Hablamos todos los días por teléfono, creo que es uno de los momentos que más espero durante mi día. Me volví amante de estar sola, nunca lo había disfrutado tanto. Claramente sigo sin saber cocinar, ni tengo intenciones de aprender. Me he alimentado básicamente de pasta con salsa de bote durante estos meses, y donas de KrispyKream.

He colapsado solamente una vez desde que vivo acá, literalmente. Amo el mar, ya puedo nadar sin estar pensando en que un tiburón vendrá a comerme.

Mi adicción al café ha evolucionado, y claramente también al vino. No ha habido una semana en la que mi refrigerador no tenga al menos una botella de vino. También he aprendido a tomarle el gusto a la cerveza gracias a Medis. Y al mezcal…

A veces bailo sola en mi casa en calzones, si amigos, háganlo. Es la cosa más liberadora que hay, sobretodo cuando tienes una copa de vino en la mano. En la regadera también, y en la oficina, y en todos lados realmente. Amo bailar sola.

Una de mis mejores amigas me dejó de hablar de la nada, que raro. Mande a la mierda a todos los tóxicos que me rodeaban, y sí, la familia también es tóxica (no se dejen engañar). Recuperé dos amistades que me hacen extremadamente feliz. Salgo a caminar con mis audífonos y voy cantando por la calle, la gente me ve de manera extraña pero soy feliz.

Todo el día estoy con la música a todo volumen, he aprendido a apreciar la soledad como creo que pocas personas lo han hecho. Claro, a veces si necesito contacto humano pero no hay nada que un viernes con chela (¿o no Medis?) no pueda curar. Tuve muchas entrevistas de trabajo, me ofrecieron ser mesera en mi cafetería favorita pero tuve que rechazarla porque unas personitas bien chidas me hablaron después de casi 3 meses para contratarme.

Pasé Halloween aquí, mi época favorita de toda la vida. Y por primera vez me puse pupilentes blancos, todavía los tengo por si se me ocurre ponérmelos para salir de fiesta.

Me hice amiga de mi vecino alemán, Marc. Me introdujo al mundo de los sandwiches de crema de cacahuate con chocolate, me hice adicta un mes pero ya los dejé, no saben igual si los hago yo. También soy amiga de mis vecinos de enfrente, Julián y Jared. Ellos me invitan a cenar y me dan comida para la semana, gracias a ellos he comido relativamente “sano”.

Firmé mi primer contrato de adulto por 6 meses. He visto peces nadar junto a mi en el mar. Rescaté a un perrito y mi casero casi me corre. Los vecinos de enfrente me atacaron porque ladraba mucho… Amo ir a la playa, aunque sea a mojar mis pies. He re-conectado con muchas personas de hace muchos años. Y también me he dado cuenta de que las amistades no se basan en los años, sino en los sentimientos.

Me gusta un vato, bueno creo que me estoy enamorando (¡JA!, spoiler). Me di cuenta de que soy feliz haciendo lo que quiero, y si al mundo no le gusta pues ni modo. Los años se pasan demasiado rápido y la cruda pega más fuerte cada vez…

Sigo creyendo que me equivoqué de carrera, pero también creo que este año de pandemia me dio los pantalones para salirme de mi zona de confort, de enfrentarme a mi misma y a mis miedos.

Por cierto, soy Lola 😉 y si me ven por la calle cantando no me juzguen, soy extremadamente feliz.

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