¿Por qué es tan difícil?

Es tan fácil sentirlo y tan difícil decirlo que no tiene sentido. Piensas “¿de qué me sirve?”. Es como tener un nudo en la garganta todo el tiempo. Quieres explotar y gritar, pero no puedes. Claro, querer es poder, pero es algo que nos hace sentir miedo. Y lo peor de todo es que al decirlo, nos convertimos en personas vulnerables.

Todos hemos estado ahí, en esa situación que nos causa miedo, nervios y felicidad. Todo al mismo tiempo. Es como saltar al vacío o subir a un avión por primera vez, porque ya que estas ahí no hay vuelta atrás.

¿Qué pasará si lo digo? ¿Y si no es el momento? ¿Y si no es recíproco? ¿Será muy pronto?

Eso y mil pensamientos más nos llenan la cabeza de miedo e incertidumbre.

A pesar de que lo que queremos decir, en realidad es algo positivo y lleno de energía, el hecho de que salga de nuestra boca nos lleva a otro mundo. Nos convierte en el blanco perfecto de todo tipo de desastres, literalmente nos abrimos a mil cosas que, a veces, pueden ser positivas y tal vez hasta negativas.

Son dos palabras, una frase tan corta que muchos pensarán “¡que tontería!” JA, y sí. Probablemente es una tontería pensar tanto en ello y no poder decirlo. En realidad, lo difícil no es pensarlo con frecuencia, sino no parar de sentirlo. Estas dos palabras tienen muchísima importancia, y es tan fuerte el peso de ellas que pueden cambiar el rumbo de cualquier relación. Sobretodo cuando a veces te sientes en el limbo. Es lanzar una moneda al aire, pero a pesar de eso, no es algo malo hacerlo. Al contrario.

¿Qué es lo peor que podría pasar? Que te digan “gracias”, te ignoren o simplemente que la otra persona no sienta lo mismo, o que tal vez, esté en la misma situación que tú. Pero esas son pamplinas, el amor no tiene que ser recíproco ni debe darnos miedo expresarlo. El simple hecho de sentirlo nos llena de energía y hace que las mariposas de nuestro estómago revoloteen a mil kilómetros por hora. Se te pone la piel de gallina y ¡bum! Te liberas.

“Quisiera darte todo lo que nunca hubieras tenido, y ni así sabrías la maravilla que es poder quererte.”

Frida Kahlo

¿Por qué nos cuesta tanto decirlo? Tal vez porque la ultima vez que se lo dijimos a alguien nos traicionó, nos han roto el corazón, nunca nos enseñaron a expresarnos o es simplemente difícil hacerlo. Todos hemos tenido buenas y malas experiencias tratándose de relaciones de pareja, todos. Y muchas veces el hecho de decir lo que sentimos nos frena precisamente por las experiencias que hemos tenido en el pasado. Nos limitamos, no nos expresamos, no damos cariño, no decimos las cosas… Sin embargo, todo llega y todo fluye. Cuando quieres a una persona en realidad no hay un momento perfecto ni hay que pensarlo tanto. Hay que sentirlo.

¿Qué coño? El amor es amor, y no importa quien lo diga primero o si la otra persona siente lo mismo o no. Si tu lo sientes, ¡dale! No hay nada que perder y al final del día te quitarás ese nudo en la garganta, ¿cuánto tiempo has esperado para decírselo? Siempre pasa algo, siempre te detienes y lo peor de todo es que lo que te detiene es tu miedo a que no te diga “yo también te quiero”.

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Es obvio que no queremos a todo el mundo, pero cuando queremos a alguien no nos la tomamos a la ligera. Queremos gritarlo a los cuatro vientos, y probablemente todo el mundo sepa que lo/la quieres menos esa persona (porque es más fácil contarle a un amigo que quieres a la chica con la que sales que decírselo a ella, ¿o no?).

Muchas personas pueden querer a su pareja y tardar meses o hasta años en hacérselos saber, porque todo influye en esto, desde nuestra educación hasta nuestra personalidad. Claro, habrá personas que lo dicen a los 2 meses de salir con alguien, pero muchas veces esperamos a que sea algo real. Porque sí, “las palabras se las lleva el viento” pero también tienen mucha fuerza, sobretodo cuando las utilizamos para expresar nuestros sentimientos. Tanto un te odio como un te amo, las dos palabras están llenas de energía, tanto positiva como negativa. Y aunque en algún momento olvidemos que nos las dijeron, siguen teniendo un peso dentro de nosotros y todo esto hace que, con el tiempo, evitemos expresarnos.

Dos palabras, llenas de energía y fuerza. Dos palabras que hacen que nuestro corazón palpite con fuerza, que hace que se nos corte la voz, nos den ganas de gritar o salir corriendo. Dos palabras que pueden cambiar todo, desde la perspectiva que la otra tiene de nosotros hasta el camino que lleva la relación.

“Te quiero”.

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